La dama que se ha embolsado oro

 

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Me propuse ver la película “La Dama de oro”. Relata la historia de Maria Altmann, una judía austríaca refugiada en EEUU y que al cabo de los años se le ocurre reclamar la restitución de unos cuadros de gran valor económico,  que dice haber sido confiscados a su familia por los nazis.

Uno de ellos , el que da título a la película, pintado por Klimt, se encontraba expuesto en la Galería Belvedere de Viena, siendo considerado un emblema para la nación. El gobierno austríaco se resistió a la cesión de las obras a la reclamante. Finalmente, tras una dura batalla legal, las partes acuerdan someterse a un arbitraje resultando el laudo favorable a la judía.

Ésta, que tanto victimismo destilaba a lo largo de toda la proyección, percibió,  por la venta posterior,  más de cien millones de dólares. No es de extrañar que agotara su presupuesto en pañuelos de papel si tenía la esperanza de un desenlace tan sumamente lucrativo.

Estas reclamaciones –que llaman restituciones- están sustentadas por acuerdos internacionales, que contemplan la excepción de la inmunidad y jurisdicción exclusiva de los estados con respecto a sus actos jurídicos. La ley de Restitución de 1998 obliga a devolver a los judíos las obras confiscadas por los nazis; acuerdo internacional firmado por numerosos países.

La comunidad judía se encuentra en los momentos más dulces de su existencia en la actualidad. Han conseguido mucho en la sombra a lo largo de la historia y, ahora, saliendo de sus escondrijos consiguen todo tipo de leyes que les favorezcan, sustentados por el victimismo que saben utilizar y la estúpida culpabilidad que asume la casta democrática.

Mi mayor sorpresa es la riqueza que acumulaban todas las familias judías que dicen haber sido expoliadas por los nazis. Ricos, muy ricos eran todos; negociantes y banqueros (lo que conlleva a serias sospechas sobre el origen de sus patrimonios, igual cabría preguntar a las pobres víctimas de sus usuras). Porque no reclaman cualquier cosa, no; reclaman obras tasadas en cantidades astronómicas. ¿Será valor sentimental o será valor económico? Es evidente que un judío optará por lo segundo.

Y seguirán escudriñando, a ver de qué obras pueden apropiarse gratuitamente. Sí, apropiarse, porque escudados en el poder sentimental de pueblo oprimido, reclaman hasta lo que no les pertenece por existir transacción económica por medio.

Como es el caso de Claude Cassirer, cuyos herederos han emprendido acciones descarga (10)legales contra la Fundación Thyssen y el gobierno de España en reclamación de un Pissarro. Resulta que ese cuadro ‘Calle de Saint Honoré después del mediodia, efecto de lluvia’  (precioso, por cierto) se pagó en permuta por un pasaje que permitiera a la propietaria salir de Alemania. Sumado a que la antepasada de los denunciantes ya cobró –además-en los años 50 una indemnización del gobierno federal alemán por importe de 120.000 marcos, con lo que definitivamente renunció a la propiedad.  Tanto que saben los judíos de transacciones económicas, ¿no se han enterado de sus obligaciones mercantiles?. Anda que a la inversa lo iban a consentir.

Espero que los abogados del estado y los propios de la Fundación Thyssen afronten con gallardía jurídica una oposición cum laude.

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