Crónica de la manifestación de PEGIDA en Hospitalet

El miércoles 11 de marzo se celebró en Hospitalet la primera concentración de la asociación Pegida en Cataluña.

El acrónimo PEGIDA, Patriotische Europäer Gegen Die Islamisierung Des Abendlandes, que figura en sus carteles entre las letras mayúsculas, se traduce como Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente. En principio, habría poco más hay que decir, puesto que el propio nombre ya indica el objetivo: Evitar que la civilización cristiana se someta al yugo islamista.

El yugo islamista significa mantener una posición de sumisión a las exigencias de la población inmigrante musulmana que no acepta integrarse, sino que se aferra a unos hábitos y costumbres incompatibles con las nuestras.

Esto en el ámbito social, pero hay otro mundo paralelo bajo el anterior que incurre en lo delictivo. No olvidemos que los tugurios en los que se imparten las enseñanzas coránicas son focos de reclutamiento de potenciales terroristas, educados y lobotomizados para la guerra contra el infiel. Y que su formación prosigue en los campos de entrenamiento militar dispersos por varios rincones de países mahometanos. Una vez entrenados vuelven al lugar de origen y reclutan a otros tantos.

Y ante esto ¿qué hace Europa, qué hacen los políticos europeos? Se entretienen en descalificar toda iniciativa popular alegando –acusando, más bien- que Pegida es un movimiento racista y de extrema derecha. Opiniones que se han sacado de la manga, precisamente para justificar su posición de poder. Porque saben que esas opiniones hacen eco en la opinión popular, y que la población atemorizada escuchará las palabras de aquellos que les proponen ser sus protectores porque no pueden permitirse que la población salga de los límites establecidos por ellos.

Y es para preguntarse: ¿Se trata de apoyar el integrismo islámico? ¿De permitir que la mujer musulmana vaya ataviada con un burka? ¿De que las ciudades europeas se llenen de mezquitas permitidas porque aquí hay libertad de culto? ¿De regímenes islamistas que decapitan a centenares de víctimas por puro placer?

Porque si no apoyan a los detractores de ese futuro incierto al que nos están conduciendo, a quienes quieren conservar nuestra civilización, a quienes se oponen a la imposición de culturas que nada tienen que ver con nosotros, serán cómplices de todo lo que pase. Que ya lo son, por supuesto. Pero aún habrá más.

Pegida no está controlada por el sistema y eso preocupa a los políticos, aficionados al control extremo de la población. Por eso se alían con o favorecen a la extrema izquierda, cuyos desmanes son permitidos con impunidad con el único propósito de desconcertar. Al fin y al cabo, la extrema izquierda siempre vuelve al redil de los fanáticos que los controlan y que se venden con facilidad, a los islamistas y a lo que haga falta, con tal de hacer desaparecer cualquier vestigio que pueda sacarles las vergüenzas de un pasado y presente plagado de crímenes.

Pero mientras haya un mínimo de decencia, de visión real del peligro que supone la invasión islamista, Pegida podrá sobrevivir, al igual que cualquier movimiento que se atreva a erigirse en custodio de nuestra historia y nuestra civilización y en las que no tiene cabida el terror islámico.

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